El Morado: Un Color de Lucha y Resistencia Feminista
El color morado es más que un símbolo dentro del feminismo; es un estandarte de lucha, memoria y esperanza. Cada vez que vemos una marcha teñida de este tono, estamos presenciando siglos de historia, una historia que ha sido escrita con sacrificio, valentía y una sed inagotable de justicia. Pero, ¿por qué las feministas eligieron el morado como su color representativo?
Una de las teorías más difundidas sobre el uso del morado en el feminismo se remonta a la trágica huelga de las trabajadoras textiles en la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York, en 1911. Más de 120 mujeres murieron en un incendio debido a las condiciones laborales inhumanas. Se dice que el humo que salía de la fábrica era de color morado, por las telas que allí se confeccionaban. Desde entonces, el morado quedó ligado a la memoria de esas mujeres y a la lucha por mejores condiciones laborales y derechos para todas.
Otra versión apunta al movimiento sufragista de principios del siglo XX, especialmente en el Reino Unido, donde las sufragistas adoptaron el morado, el blanco y el verde como colores de su bandera. Para ellas, el morado representaba la dignidad y la lealtad a la causa.
En la actualidad, el feminismo se ha diversificado en corrientes y luchas específicas, pero el morado sigue siendo el color que une a todas. Representa la lucha contra la violencia de género, la equidad salarial, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y la exigencia de una sociedad más justa para las mujeres y disidencias.
Cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, vemos cómo el morado cubre pancartas, pañuelos y prendas. Es una forma de visibilizar que seguimos aquí, que la lucha continúa y que las voces de nuestras antecesoras resuenan en cada consigna.
El morado no es solo un tono, es un mensaje. Es la resistencia de quienes fueron silenciadas, la rabia de quienes exigen justicia y la esperanza de un futuro en el que nacer mujer no implique desigualdad. Llevarlo es recordar a quienes abrieron el camino y reafirmar que la lucha feminista sigue vigente.
Porque el morado no es una moda ni una tendencia, es el color de la revolución que no se detiene.