El terror de los pantalones rosa

Por Samuel Ramos

Señores, estamos ante una crisis de masculinidad sin precedentes. No, no hablo de problemas económicos, políticos o existenciales. Hablo de algo mucho más grave: el pavor irracional de algunos hombres a usar un pantalón rosa.

Sí, así como lo leen. El rosa, ese color que la naturaleza ha tenido la osadía de pintar en los atardeceres, en las flores más exóticas y hasta en la piel de algunos animales, se ha convertido en un enemigo mortal para ciertos machos alfa modernos. Porque claro, ponerse un pantalón rosa podría desencadenar un colapso en su hombría, hacer que el motor del coche deje de encender y, quién sabe, quizá hasta provocar que prefieran una ensalada en lugar de un asado.

Lo curioso es que esta fobia cromática no siempre existió. Hubo un tiempo en que el rosa no solo era un color aceptable para los hombres, sino que era símbolo de poder. En el siglo XVIII, por ejemplo, los caballeros de la aristocracia se vestían con trajes en tonos rosados y bordados dorados, y nadie dudaba de su virilidad. Pero en algún momento de la historia, alguien decidió que el rosa era “de niñas”, y la mitad de la población mundial quedó condenada a vivir en una paleta de colores tristes.

Mientras tanto, los hombres que sí se atreven a usar pantalones rosa han descubierto un superpoder: destacar sin esfuerzo. Porque, admitámoslo, un buen pantalón rosa con la combinación correcta se ve espectacular. Pero no, algunos prefieren seguir atrapados en la dictadura de los jeans azul marino y los khakis aburridos.

Así que, queridos temerosos del rosa, tranquilos. Usar un pantalón de este color no hará que su barba se caiga ni que su equipo de fútbol favorito los expulse como aficionados. Atrévanse. Porque en un mundo donde vestirse de negro es fácil, llevar rosa es un acto de auténtica valentía.